La polaridad o la teoría de los opuestos es un tema que vine desde tiempos inmemoriales, donde la humanidad ha representado la dualidad a través de los símbolos como el Ying y el Yang, el sol y la luna, el cielo y la tierra, la materia y el espíritu.
Lo hemos visto en las antiguas tradiciones esotéricas, como la Ley Hermética de la polaridad, uno de los siete principios del Kybalión, donde establece que todo es dual, todo tiene dos polos, todo tiene su par de opuestos. Nos enseña que los extremos no son absolutos, si no grados de una misma esencia. Como el frío y el calor, la luz y la oscuridad, no son cosas separadas si no manifestaciones de un mismo principio en diferentes intensidades.
Heráclito, filósofo griego, hablaba de la lucha entre contrarios como el motor de cambio, mientras que los alquimistas buscaban a través del proceso alquímico la unión de los opuestos o la conjunción de los contrarios.
Jung retomando todas estas ideas descubrió que esta polaridad no solo existe en la naturaleza como tal, si no también están presentes en la estructura misma de nuestra psique. Dentro de cada uno de nosotros existe un diálogo constante entre las fuerzas opuestas, y en esta tensión es donde reside el potencial del crecimiento.
Los opuestos no son enemigos, sino partes de un mismo sistema que busca equilibrio, pero no se logra eliminando un lado del conflicto, si no integrando ambos en una nueva forma de ser.
Lo masculino y femenino.
Lo masculino y femenino como sistema de opuestos, es un principio que atraviesa múltiples niveles de la realidad. Lo encontramos en la naturaleza, la energía y la psique humana. Aunque siempre lo asociamos con los géneros, son en realidad principios arquetípicos universales que existen en todas las cosas.
Si observamos este principio en la naturaleza, vemos que son polaridades complementarias que permiten el flujo natural de la vida, donde lo femenino es lo receptivo, lo cíclico, la tierra, el agua, la oscuridad fértil donde se produce la vida. Y lo masculino es lo activo, lo lineal, el sol, el fuego, la expansión, la dirección que da estructura y movimiento.

Por ejemplo, tenemos el día y la noche, donde la noche es lo femenino, el descanso, la regeneración y el día es lo masculino, la actividad y la manifestación.
En la naturaleza no hay competencia entre los opuestos, si no un flujo constante de transformación donde uno le da paso al otro en un ciclo ininterrumpido.
Si vemos lo masculino y femenino desde el punto de vista de la energía podemos apreciarlo en las antiguas tradiciones representados por el Ying, que corresponde a lo femenino, a la energía centrípeta (hacia adentro), es intuitiva, pasiva, sensible, contenida. Y el Yang, que corresponde a la energía centrífuga (hacia fuera), es mas racional, activa, dinámica y expansiva.
Por ejemplo: cuando estamos elaborando un proyecto creativo, usamos la energía femenina para la inspiración y la gestación de las ideas, y la energía masculina es la acción para manifestarla.
Cuando ambas energías están en armonía fluye entre introspección y acción o entre sentir y hacer. Sin embargo, también pueden estar en desequilibro donde la energía femenina se torna en una pasividad extrema y falta de dirección o vemos la masculina en un exceso impulsivo por hacer o en desconexión emocional.
La psique como sistema de opuestos.
Jung veía la psique como un sistema dinámico ordenados en pares de opuestos que interactúan entre si. Algunos de estos opuestos son:
- Consciente – Inconsciente
- Sí-mismo – Yo
- Ánima/ánimus – Ego
- Sombra – máscara/persona
- Orden – Caos
- Razón – Emoción
Estos opuestos en el psiquismo individual generan una tensión interna porque cada polo tiene una fuerza psíquica que busca expresarse. Si nos identificamos con un solo polo (por ejemplo, la razón o la lógica) el otro lado (la emoción o la intuición) queda reprimido en el inconsciente, creando un desequilibrio.
La tensión de los opuestos.
Si no existiera tensión entre los opuestos no habría evolución psicológica. Es precisamente esta tensión la que produce la transformación.
- La tensión crea energía psíquica que puede ser usada para la introspección (haciendo terapia), lo que puede generar cambios profundos, pero también es una energía que puede ser usada creativamente.
- La tensión obliga a la persona a replantear su identidad y ampliar su percepción del mundo.
- También facilita la síntesis de los opuestos o su respectiva unión, permitiendo la integración de aspectos negados o reprimidos.

La función trascendente.
La función trascendente es un concepto elaborado por Jung, refiriéndose al fenómeno que surge luego de la integración de los contenidos conscientes e inconscientes creando una nueva actitud o posición psicológica.
Como nuestra realidad está basada en la identificación con nuestro mundo consciente, nuestra mitad inconsciente pasa a un segundo plano llegando al punto de disociar todos sus elementos. Sin embargo, cuando los contenidos inconscientes adquieren suficiente fuerza pasan con facilidad el umbral de la consciencia sin que tengamos control sobre ellos.
Para aquellos que se interesan por el desarrollo y evolución de la personalidad, el objetivo de hacer conscientes los contenidos inconscientes es llegar a desarrollar la función trascendente, la cual surge de manera individual y crea en el YO una diferenciación del colectivo.
La actitud, frente a la función trascendente, debe ser una actitud creativa, donde logramos ponernos de acuerdo, donde logramos establecer un diálogo constante de ida y vuelta entre lo colectivo y lo personal, entre lo consciente y lo inconsciente, entre el YO y el sí-mismo, sin que uno tome más espacio que el otro.
Llegar a desarrollar la función trascendente dependerá de la capacidad de nuestro ego de sostener la tensión entre los opuestos. El ego es el que mantiene separados los contenidos inconscientes y conscientes, reconociendo solo aquellos contenidos agradables y aceptables para la consciencia.
El ego al no soportar los contenidos inconscientes crea fantasías que lo hacen escapar de la realidad, pero esta creación de fantasías lo debilita para sostener verdades, tanto internas como externas. Si el ego es débil no tendrá la capacidad de sostener la información inconsciente o la tensión que se produce, impidiendo el desarrollo de la función trascendente.
Los opuestos y la individuación.
La psique es un sistema que se regula a si mismo, por lo tanto, siempre está buscando el equilibrio entre sus opuestos. Esta regulación surge a través de la tensión entre fuerzas que deben ser conciliadas para lograr un desarrollo pleno de nuestra personalidad.
Cuando reconocemos nuestros opuestos, diferenciando lo colectivo de lo personal, lo consciente de lo inconsciente, es cuando nos abrimos a la posibilidad de reconocernos como individuos, como unidad indivisible y total.
Cuando hacemos trabajo de sombra nos damos cuenta de nuestra propia imperfección, de nuestra vulnerabilidad y de aquello que no mostramos por inadecuado, sin embargo, la integración y el reconocimiento de nuestra sombra nos libera de la identificación de los valores colectivos, lo que nos lleva a crear nuestro propio sistema de valores, tomando en cuenta nuestras cualidades tanto positivas como negativas.

El objetivo de la individuación no solo es el desarrollo de la personalidad individual incluyendo la expresión de su máximo potencial, es también la comprensión de que la vida es dinámica y que aquello que nos funciona hoy para restablecer el equilibrio quizá no nos funcione en unos cuantos meses., es decir, necesitamos un YO lo suficientemente flexible, capaz de sostener las propias contrariedades de manera que se adapte más fácilmente a la realidad.
También es necesario aclarar, que el hecho de sostener o de que exista una reconciliación con los opuestos individuales, no quiere decir que tengamos el permiso de hacer uso de nuestras partes sombrías negativas con la idea de que tenemos derecho a expresarnos, por el contrario, cuando somos consciente de lo que somos, justamente esa consciencia es la que nos debe motivar a dejar la menor cantidad de negatividad en el mundo. En todo caso, lo ideal es construir un YO con base en los principios universales y en aquellos valores en los que nos gustaría vivir.
La individuación nos ofrece la capacidad de adaptarnos ante los cambios y resolver los desafíos desde nuestra individualidad, ya que las normas colectivas no siempre contienen la resolución de un conflicto individual.
El diálogo constante con nuestro inconsciente es esencial ya que una vez nuestro ego (que es el centro de la consciencia) fuerte y consciente, éste responde a las necesidades del si-mismo y debemos estar dispuestos a responder de manera coherente con lo que es.
La tensión de los opuestos es algo que experimentamos a lo largo de toda la vida especialmente en momentos de crisis, sin embargo, el hecho de hacerlo consciente nos ayuda a adaptarnos a nuestros propios procesos internos, de manera que estemos presente y seamos partícipes de la creación de la realidad.
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-Cheryl.



