Antes de que el ser humano pensara en conceptos, pensaba en imágenes y para explicar el mundo lo hacía a través del símbolo.
Para el hombre primitivo, él y el mundo eran lo mismo, no había separación y todo estaba cargado de sentido. El cielo, los animales, el fuego, su propio cuerpo, los ciclos de la naturaleza, todo tenía un significado y su vida era un fluir con todo lo que le acontecía. Cada cosa, ya fuera objeto o suceso, era una puerta hacia algo más profundo, desde donde se creaba su realidad que a la vez expresaba, contenía y honraba. A esa realidad es lo que llamamos símbolo.
Decía Jung que los símbolos nunca fueron conscientemente ideados, si no producidos por lo inconsciente mediante la denominada revelación o intuición y que gran parte de los símbolos históricos proceden directamente del sueño o al menos, se inspiren en él.
¿Qué es el símbolo y el carácter simbólico de las cosas?
Un símbolo es algo, ya sea una palabra, una imagen, un objeto, un ritual, un conocimiento, un mito, etc., que representa algo más que su significado obvio. Lo que caracteriza al símbolo es su capacidad de significar muchas cosas, una sola imagen tiene la capacidad de transmitir diferentes significados y por lo tanto posee muchas capas.
El símbolo no es un adorno del pensamiento humano ni es un recurso poético, el símbolo es una realidad psíquica que le pone nombre a aquellas cosas que nuestra mente consciente no puede describir con exactitud.
Desde una perspectiva psicológica, el símbolo es la mejor expresión posible de un contenido inconsciente en un momento determinado. En todo caso el símbolo no se limita a definir si no que abre la posibilidad de diferentes significados.
A pesar de nuestro desarrollo psicológico, todavía hay partes de nuestro psiquismo del que ni siquiera tenemos idea, aun queda mucho por descubrir, y mucho de los contenidos inconscientes, por tratarse de energías o de cuestiones meramente subjetivas, carecen de un vocabulario adecuado para ser explicadas y es aquí donde la participación del símbolo se hace indispensable.

No solo somos mente racional, somos un conjunto de emociones, sensaciones e intuiciones que tienen capacidad de traducir o filtrar nuestra realidad, tanto lo que viene de fuera, como las imágenes que se producen en nuestro interior. Lo simbólico, a pesar de su amplitud es el significado que le damos a nuestra realidad luego de haber pasado por los diferentes filtros, en esto consiste nuestra capacidad de simbolización, de generar y dar nombre a las ideas, expresar nuestros sentimientos o transmitir lo que hemos pensado o sentido
La comprensión del mundo físico ni la expresión de nuestro mundo interior son literales, ya que ambas son un aproximado del significado subjetivo que le damos a cada cosa, es decir en todo momento el símbolo es un mediador para describir lo que acontece.
El ser humano construye su realidad a través o mediante imágenes o símbolos.
Originariamente, el lenguaje no es otra cosa que un sistema de símbolos que designan eventos reales o su repercusión con el alma humana.
Carl Jung.
Cuando observamos los dibujos de civilizaciones antiguas, podemos describir lo que vemos sin la necesidad de mucha interpretación, sin embargo, el significado más profundo, lo que sus dibujos representaban para tal civilización pueden alcanzar abundantes significados.
Ahora bien, es importante comprender que las cosas no son simbólicas en sí mismas. Una cosa adquiere carácter simbólico cuando se convierte en portadora de sentido psíquico, es decir cuando su carga energética expresa una realidad interior más profunda.
Por ejemplo: si soñamos que estamos en nuestra casa, para muchas la casa simplemente representa el lugar donde vivimos, pero si en el sueño vemos que dentro de la casa ocurren situaciones particulares, donde de repente la casa se llena de agua, o vemos la casa con una iluminación poco común, o de repente se rompen las ventanas y nos despertamos con una sensación de que el sueño tiene algo de importante y revelador pero que no sabemos que es, esa energía que nos traspasa, que no podemos describir y que supera los límites del YO racional solo puede ser traducida por el símbolo, es decir por los elementos que nos aportó el sueño, en este cas la casa. La casa puede representar la propia psique del soñante y el sueño puede estar compensando alguna actitud consciente, por lo que luego de detenernos a revisar o interpretar el sueño, es donde le damos ese carácter simbólico, cuando descubrimos lo que para cada uno tiene sentido.
Lo simbólico no pertenece al objeto, a la imagen o a una experiencia, sino a la relación entre psique e imagen (objeto o experiencia), porque como mencionamos, una casa puede tener un significado profundo para una persona, pero puede ser algo totalmente neutro para otra.
El carácter simbólico es fundamental para la autorregulación psíquica. A través del símbolo, el inconsciente encuentra una vía para comunicarse sin irrumpir de forma caótica, donde el símbolo actúa como puente traduciendo y transformando la energía psíquica de tal manera que la consciencia o nuestra parte consciente la asimile sin sobrepasar los límites del YO.
El símbolo en las culturas.
Los símbolos no surgen únicamente de la experiencia individual, de hecho, antes de aparecer en los sueños personales o en la vida psíquica del individuo, los símbolos han vivido durante siglos -e incluso milenios- en los mitos, rituales, religiones y expresiones culturales de la humanidad. El símbolo es, en su origen, colectivo.
Cada cultura ha desarrollado un sistema simbólico propio para dar forma a las grandes preguntas de la existencia: como al origen de la vida, la muerte, el sentido del sufrimiento, el misterio del tiempo o la relación con lo sagrado. Estas imágenes no fueron creadas como construcciones intelectuales, sino como respuestas vivas a experiencias profundas y compartidas.

Desde una perspectiva psicológica, estos símbolos culturales son expresiones del inconsciente colectivo y aunque sus formas varían según el contexto histórico, geográfico y social, sus núcleos de sentido suelen ser universales. Esto es lo mismo cuando nos referimos a un arquetipo, el cual puede adoptar múltiples imágenes sin perder su esencia.
Por ejemplo: el símbolo de la serpiente aparece en culturas tan diversas como la mesopotámica, la hindú, la griega o las tradiciones precolombinas, teniendo un significado en algunas, de vitalidad y fuerza y en otras de amenaza o caos.
El significado de los símbolos en sus respectivas culturas se amplifica cuando se observa su presencia reiterada, donde la repetición señala experiencias psíquicas fundamentales que atraviesan a la humanidad más allá del tiempo y del espacio.
Las culturas tradicionales no separaban lo simbólico de la vida cotidiana, ya que el símbolo estaba integrado en los rituales, el en calendario, en la arquitectura, en los relatos y en las practicas espirituales. De esta manera el individuo no tenia que buscar el símbolo porque ya vivía dentro de él.
En la actualidad, aunque muchas de estas estructuras simbólicas se han debilitado, los símbolos colectivos no han desaparecido, siguen activos buscando nuevas formas de manifestación en el arte, en los movimientos sociales, en la espiritualidad contemporánea y en los conflictos colectivos. Comprender los símbolos culturales es por tanto, una vía para comprender no solo al individuo, si no también las tensiones y transformaciones de nuestra época.
Diferencia entre signo y símbolo.
Aunque en el lenguaje cotidiano solemos usar los términos signo y símbolo como sinónimos, desde una perspectiva simbólica y psicológica no son lo mismo. Confundirlos empobrece nuestra relación con las imágenes y nos aleja del verdadero lenguaje del inconsciente.
El signo, por su parte pertenece al ámbito de lo racional y funcional. Su función es indicar algo de manera directa, ya que tiene un significado claro, definido y estable. El signo no requiere de una interpretación profunda ni la implicación subjetiva, basta con mirarlo o reconocerlo para comprenderlo.
Por ejemplo: la luz roja del semáforo nos indica detenerse, una flecha señala una dirección, un numero representa una cantidad específica y en este mismo sentido observamos que un signo tiene la función de informar, orientar y organizar la realidad externa.
El símbolo, en cambio no informa, si no que tiene la capacidad de revelar, apuntando a distintos significados, abriendo con ello, diferentes campos de sentido. En el símbolo, su significado no está necesariamente dado, pero tampoco podemos reducir dicho significado a una sola explicación, más bien, el símbolo exige una participación psíquica, donde llegamos a sentirnos, conmovidos y muchas veces transformados por él.

Mientras que el signo opera en el plano de lo consciente, el símbolo actúa como mediador entre lo consciente y lo inconsciente. Por eso el símbolo no puede ser agotado intelectualmente porque siempre dice más de lo que el YO puede comprender en un momento determinado.
A pesar de establecer las diferencias arriba mencionadas también es necesario reconocer que un mismo objeto puede funcionar como signo y como símbolo, lo que lo diferencia es el nivel de relación que se establezca con él.
El lenguaje simbólico del inconsciente.
El inconsciente no se expresa a través del lenguaje racional ni de conceptos lógicos, su idioma son los símbolos. Cuando algo no puede ser pensado, explicado, o cuando en nuestros procesos no podemos integrar contenidos inconscientes a la consciencia, el inconsciente utiliza los símbolos para poder manifestarse sin desbordar el YO.
Los contenidos inconscientes no aparecen como ideas claras, sino como sueños, fantasías, síntomas, impulsos, repeticiones o imágenes cargadas de afecto (emoción) que carecen de literalidad, donde cada uno deberá observar qué es lo que el inconsciente está mostrando.
Este lenguaje simbólico cumple una función reguladora y es a través de las imágenes simbólicas donde la psique intenta compensar la unilateralidad de la consciencia, señalar desequilibrios o abrir posibilidades de transformación. Cuando la consciencia ignora estos mensajes, el símbolo tiende a intensificarse, a repetirse o a expresarse de formas cada vez mas perturbadoras e insistente.
Es importante comprender que interpretar el lenguaje del inconsciente no significa traducir símbolos de manera mecánica o universal, ya que cada símbolo solo cobra sentido dentro del contexto de cada individuo, donde una imagen puede tener significados radicalmente distintos según la historia, el momento vital, y la estructura psíquica de quien lo vive.
Aprender a escuchar este lenguaje simbólico es aprender a relacionarnos con nosotros mismos desde una profundidad distinta, sin embargo, no se trata de controlar al inconsciente sino de establecer un diálogo consciente con él.
Si desear profundizar en el tema del lenguaje del inconsciente en esta entrada amplío cómo el inconsciente se expresa a través de símbolos, sueños o manifestaciones cotidianas.
Las capas del símbolo.
La riqueza y la profundidad del símbolo radica en las diferentes capas que le conforman, cada una con distintos matices y significado que se superponen y dialogan entre sí.
Desde la psicología profunda podemos reconocer al menos tres niveles o capas del símbolo: la personal, la cultural y la arquetípica.
- La capa personal: esta capa esta ligada a la historia individual, a las experiencias, emociones y asociaciones subjetivas de cada persona. Aquí el símbolo se conecta con experiencias concretas, recuerdos, vínculos y afectos. Esta capa es fundamental porque el símbolo nunca puede separarse del contexto psíquico del individuo e ignorarla conduce a interpretaciones genéricas que no producen una transformación real. Cuando hacemos trabajo interior, esta sería la primera puerta para conectar con el símbolo.
- La capa cultural: esta capa se refiere al significado que una sociedad, tradición o época otorga a determinados símbolos, donde cada cultura transmite un imaginario simbólico compartido a través de mitos, religiones, arte, rituales y normas sociales, donde se reflejan valores, tensiones y cosmovisiones propias de cada contexto cultural. Esta capa actúa como puente entre lo individual y colectivo, ya que cuando interpretamos un símbolo de manera personal, muchas de nuestras asociaciones están influenciadas por el trasfondo cultural en el que hemos sido formados.
- La capa arquetípica: esta capa es la más profunda y tiene un carácter universal, aquí el símbolo expresa patrones psíquicos primordiales, comunes a toda la humanidad, independientemente de la cultura y de la época, es una capa que se hereda a través de los tiempos, como parte de la estructura psíquica. Los arquetipos no son imágenes concretas, sino moldes primordiales que se manifiestan a través de múltiples símbolos, por lo que puede aparecer bajo formas muy distintas. Cuando un símbolo activa esta capa, suele producir una experiencia numinosa que nos puede llevar a la conmoción o a la fascinación, o bien al temor o a un profundo sentido. Es en esta capa que el símbolo tiene mayor poder transformador, pero también donde puede resultar más perturbador si no existe suficiente consciencia para integrarlo.
El trabajo simbólico consiste en aprender a moverse entre estas capas sin absolutizar ninguna, ya que si reducimos el símbolo a lo personal empobrecemos su sentido, si nos quedamos solo en la capa cultural podemos darle un significado meramente intelectual, sin embargo, si negamos la parte arquetípica podríamos desconectarnos de su potencia transformadora.
Perdida de los símbolos en la actualidad.
Vivimos en una época saturada de imágenes, pero empobrecida en cuanto a símbolos. Nunca antes el ser humano había estado tan expuesto a estímulos visuales y, sin embargo, nunca había estado tan desconectado del significado profundo de las imágenes que consume.
No es que los símbolos hayan desaparecido, sino que ha cámbialo la relación de la consciencia personal y colectiva con respecto a ellos y han sido reducidos, vaciados o literalizados.
En nuestra vida civilizada hemos desposeído a tantísimas ideas de su energía emotiva que ya no respondemos más a ellas… Algo más se necesita para que ciertas cosas nos convenzan lo bastante para hacernos cambiar de actitud y de conducta. Eso es lo que hace el lenguaje onírico, su simbolismo tiene tanta energía psíquica que nos vemos obligados a prestarle atención.
Carl Jung.
La cultura actual le da privilegio al pensamiento rápido, técnico y funcional, donde todo debe ser explicado, clasificado y utilizado, por lo que, en este contexto, el símbolo resulta incómodo porque no es eficiente, no es inmediato y no ofrece respuestas rápidas. De lo dicho hasta aquí, es necesario comprender que para tener relación con los símbolos, así como un dialogo valioso con nuestro inconsciente y nuestro mundo interior, tenemos que tener el tiempo y la disposición para que eso suceda. No podemos pretender hacernos expertos de algo que no conocemos o que no le damos la importancia debida, no olvidemos que las cuestiones del alma llevan su ritmo, ritmo que pocas veces coincide con la rapidez que “creemos” que debemos ir.
El símbolo, es y siempre será ambiguo y misterioso, y su capacidad de confrontarnos con lo desconocido choca con una mentalidad orientada al control y a la productividad.
Cuando un símbolo pierde su dimensión viva, esa que nos ofrece sentido, se convierte en un objeto estético, en mercancía o en el peor de los casos en entretenimiento. Así es como vemos imágenes que durante siglos contuvieron experiencias sagradas, iniciáticas o transformadoras son hoy consumidas de forma superficial y muchas veces despojadas de su poder psíquico.
Debemos ser conscientes de que esta perdida de los símbolos no ocurre sin consecuencias; desde una perspectiva psicológica, la desconexión con lo simbólico empobrece la vida interior, ya que la psique pierde con ello uno de sus principales canales de autorregulación y sentido, lo que puede manifestarse como vacío existencial, desorientación ante la vida, ansiedad o una búsqueda compulsiva de experiencias que intentan suplir es falta.
Paradójicamente, cuando de manera consciente, el símbolo es reprimido o ignorado, este regresa de manera inconsciente y cuando esto ocurre lo hace de forma distorsionada, exagerada o caótica, dándole paso al fanatismo, idealizaciones, proyecciones colectivas, adicciones o identificaciones masivas que pueden entenderse como intentos fallidos de la psique por recuperar una experiencia simbólica perdida.

En la actualidad también podemos observar distintas formas de espiritualidad que utilizan los símbolos de manera superficial, sin un verdadero trabajo interior. Rituales vacíos, afirmaciones repetidas mecánicamente o imágenes sagradas convertidas en formulas de consumo que prometen transformación sin confrontación. El símbolo separado de la experiencia psíquica que lo sostiene, se vuelve estéril.
Recuperar el símbolo no significa volver al pasado ni adoptar sistemas simbólicos de manera literal, significa re-aprender a relacionarnos simbólicamente con la vida, permitiendo que ciertas imágenes nos interroguen, nos confronten y nos transformen. Allí done el símbolo vuelve a ser escuchado, la psique, el alma, encuentra una vía de sentido.
¿Cómo conectar con los símbolos?
Para comprender los símbolos debemos aprender a escucharlos, observarlos y detenernos para elaborarlos, principalmente a través de la intuición. No podemos pretender tener una técnica especifica porque cada símbolo es una exploración que necesita de nuestra atención y nuestro tiempo. Es necesario además tener una mente abierta y una imaginación receptiva ante los posibles significados.
Vías simbólicas fundamentales:
- Los sueños: en la teoría junguiana, los sueños son la vía principal de acceso al lenguaje simbólico. El sueño comunica procesos psíquicos donde cada imagen onírica es un símbolo que intenta compensar, ampliar o corregir la actitud consciente del soñante. Si quieres saber más sobre la interpretación de los sueños, hice una entrada con toda la información sobre ello, haz click aquí.
- Mitos, cuentos, leyendas o narrativas que nos atraen: las historias que nos conmueven activan arquetipos en resonancia con nuestra vida interior. De la misma forma que se interpreta o analiza un sueño se debe hacer con los cuentos o mitos que resuenan con nuestro momento vital o punto importante en un proceso de transformación.
- Síntomas y el cuerpo: el inconsciente también se comunica a través de cuerpo, donde un síntoma o dolor corresponde simbólicamente con la expresión de conflictos psíquicos no integrados. Todo proceso psíquico para la transformación debe involucrar el cuerpo y viceversa. En este caso podemos hacer Yoga, meditaciones y recurrir a un experto de ser necesario.
- Fantasías espontáneas e imágenes internas: son imágenes que aparecen en momentos de quietud, meditación o momentos de crisis de manera espontánea, pero que mueven algo en nosotros y no las podemos dejar pasar. Así como podemos tener un diario de sueños, podemos tener un diario de símbolos ya que muchas veces estas imágenes conectan con otras por Sincronicidad, dándonos un mapa que nos revela una verdad mayor.
- Relaciones y patrones repetitivos: un patrón que se repite, una dinámica vincular que no cambia o situaciones que retornan una y otra vez, todas contienen un núcleo simbólico, sin embargo, se necesita de mucha observación e incluso acompañamiento, para poder darle significado a tales experiencias.
- El arte, el tarot, la astrología o sistemas simbólicos: son herramientas muy poderosas que sirven de autoconocimiento profundo y nos permiten alimentar nuestro imaginario dándole paso a inconsciente a que se proyecte y nosotros poder reconocerle.
El símbolo y el valor simbólico que le damos a nuestra experiencia nos conecta con nuestro interior y nuestra alma, dándole sentido a cada gesto, a cada paso, o a cada decisión que tomamos. No hay nada más lindo, que para ti todo tenga un por qué y un para qué, dándole vida a la vida y con ello tengamos ganas de vivirla.
¿Y tu, cómo te relaciones con tu mundo interior?
¿Tiene sentido tu vida o sientes cierta desconexión?
¿Qué objetos o situaciones tienen o han tenido un carácter simbólico en tu vida?
Recuerda que si necesitas acompañamiento en tu proceso de crecimiento personal o deseas conectar con tu propósito a traves de los arquetipos, puedes agendar una sesión 1:1 aquí.
-Cheryl.



